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Blog de blogs. Sensacional de pubertos...por Guffo
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Sensacional de pubertos....por Guffo
Mis amigos dicen que estuvo embarazada, que por eso perdió medio año y le creció la cola; pero yo no les creo nada.
Todos -bueno, casi todos- le dicen la Culona. Traen de moda esa palabra en la secundaria.
Ella está en tercero por segunda vez y yo acabo de entrar a primero, pero me gusta desde cuarto: cuando la veía en secreto desde el patio de la primaria.
Nunca me he referido a ella como la Culona. Bueno, sólo una vez.
Le digo Melany, como se llama, y siempre –pero siempre- uso su nombre en algún personaje de los que dibujo en mi cuaderno.
Nunca me había fijado que Melany estuviera tan nalgona, hasta un día que le pregunté disimuladamente a Toño -uno de mis mejores amigos- por ella, pues su hermano mayor y Melany estaban en el mismo salón.
- Oye, Toño, ¿cómo se llama la amiga de tu hermano?; es que se me hace bien conocida.
- ¿Quién: la culona o la otra pinche flaca?
- Pos la culona.
No me importa que le digan así porque a mí lo que más me gusta de ella es su sonrisa. Aunque a veces sí quisiera defenderla.
Una vez hablamos y me puse bien nervioso. Me la topé en el pasillo y me pidió un lápiz número 2 para poder entrar a un examen. “Muchas gracias, te lo devuelvo al ratito”. Ni siquiera me preguntó mi nombre o si yo era el amigo del hermano de su amigo. “Te lo regalo”, le dije, y me sonrió muy bonito, como si sus dientes fueran las teclas brillantes de un piano.
Es invierno. Volvemos a clases después de navidad y año nuevo, pero Melany no regresa.
Durante el receso, Toño llega presumiéndonos al Kiko y a mí sus tenis de botín nuevecitos. Nos platica que se fue con sus abuelos a San Antonio Texas de vacaciones. Saca de su mochila unas calcomanías del Six Flags y unos llaveros bien chidos. Nos los obsequia. Dice que nomás a nosotros nos trajo regalo porque somos sus mejores amigos. Después de agradecerle, suelta la bomba.
- Y a que no saben qué…
- ¿Qué? –preguntamos Kiko y yo.
- Mi carnal embarazó a la Culona, jajaja. Ahora sí es verdad que está embarazada. Los van a mandar a vivir con mis abuelos.
Me arde el estómago, como si me lo picotearan con un picahielos.
-Pinche carnal, se fue de gane. Imagínense tener las nalgas de la Culona rebotándote aquí, así: –y con ambas manos a la altura de la cintura, Toño hace una grotesca pantomima.
Me cuesta poner atención en clases el resto del día. Llego a casa y no me dan ganas de comer ni de salir en bicicleta. Mi mamá me toca la frente e insiste con que me estoy enfermando.
Me meto en la cama más temprano que de costumbre, con la vista nublada, sabiendo que nunca volveré a ver a Melany. "¿Se acordará del que le regaló el lápiz para hacer su examen?", pienso.
Esa pregunta y la imagen de sus nalgas rebotándome aquí, así, me siguen dando vueltas en la cabeza.
Todos -bueno, casi todos- le dicen la Culona. Traen de moda esa palabra en la secundaria.
Ella está en tercero por segunda vez y yo acabo de entrar a primero, pero me gusta desde cuarto: cuando la veía en secreto desde el patio de la primaria.
Nunca me he referido a ella como la Culona. Bueno, sólo una vez.
Le digo Melany, como se llama, y siempre –pero siempre- uso su nombre en algún personaje de los que dibujo en mi cuaderno.
Nunca me había fijado que Melany estuviera tan nalgona, hasta un día que le pregunté disimuladamente a Toño -uno de mis mejores amigos- por ella, pues su hermano mayor y Melany estaban en el mismo salón.
- Oye, Toño, ¿cómo se llama la amiga de tu hermano?; es que se me hace bien conocida.
- ¿Quién: la culona o la otra pinche flaca?
- Pos la culona.
No me importa que le digan así porque a mí lo que más me gusta de ella es su sonrisa. Aunque a veces sí quisiera defenderla.
Una vez hablamos y me puse bien nervioso. Me la topé en el pasillo y me pidió un lápiz número 2 para poder entrar a un examen. “Muchas gracias, te lo devuelvo al ratito”. Ni siquiera me preguntó mi nombre o si yo era el amigo del hermano de su amigo. “Te lo regalo”, le dije, y me sonrió muy bonito, como si sus dientes fueran las teclas brillantes de un piano.
Es invierno. Volvemos a clases después de navidad y año nuevo, pero Melany no regresa.
Durante el receso, Toño llega presumiéndonos al Kiko y a mí sus tenis de botín nuevecitos. Nos platica que se fue con sus abuelos a San Antonio Texas de vacaciones. Saca de su mochila unas calcomanías del Six Flags y unos llaveros bien chidos. Nos los obsequia. Dice que nomás a nosotros nos trajo regalo porque somos sus mejores amigos. Después de agradecerle, suelta la bomba.
- Y a que no saben qué…
- ¿Qué? –preguntamos Kiko y yo.
- Mi carnal embarazó a la Culona, jajaja. Ahora sí es verdad que está embarazada. Los van a mandar a vivir con mis abuelos.
Me arde el estómago, como si me lo picotearan con un picahielos.
-Pinche carnal, se fue de gane. Imagínense tener las nalgas de la Culona rebotándote aquí, así: –y con ambas manos a la altura de la cintura, Toño hace una grotesca pantomima.
Me cuesta poner atención en clases el resto del día. Llego a casa y no me dan ganas de comer ni de salir en bicicleta. Mi mamá me toca la frente e insiste con que me estoy enfermando.
Me meto en la cama más temprano que de costumbre, con la vista nublada, sabiendo que nunca volveré a ver a Melany. "¿Se acordará del que le regaló el lápiz para hacer su examen?", pienso.
Esa pregunta y la imagen de sus nalgas rebotándome aquí, así, me siguen dando vueltas en la cabeza.
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