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Blog de blogs. Rosa Venus...por Chilangelina
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PRESENTA
Rosa Venus
Por Chilangelina
Lo bueno de tener los ojos chiquitos es que la vida te compensa con una gran nariz.
Existe esta creencia de que el mundo se aprehende a través de los ojos, pero no; cualquiera que alguna vez se haya enculado sabrá que la vida, el amor, pero sobre todo el sexo, entran por el sentido del olfato.
Olvidémonos de penes y vaginas, que desde luego cuentan, pero que no son el asunto principal. Yo me refiero al olor que evoca el sexo; la referencia, la huella marcada en la memoria erótica que hace que esa mezcla específica de esencias te lleve a recrear y a desear y a buscar.
Para mí el sexo empezó oliendo a las páginas de un libro viejo. Un día cambió y resultó que olía al sudor de un tipo de dieciséis años, del cual, por supuesto, “tomé prestada” una camiseta usada para llevármela a mi casa; mi madre “se las olió” –nunca mejor utilizado- y decidió tirarla a la basura.
En los años siguientes el olor se fue transformando. La alquimia incluyó al tabaco y al alcohol, y periódicamente a la mota, siempre mezclados con el aroma personal del fulano en turno. Nuevas esencias llegan y se suman, pero las anteriores nunca se terminan de ir; hasta la fecha mi registro guarda un poco de cobijas de lana y de vestidura de asiento de Volkswagen, incluido un taxi de los amarillos. Por la fórmula han pasado la tierra húmeda, el pastel de zanahoria, el pavimento mojado de las calles del centro, la madera de las guitarras de Paracho, las chamarras de piel, y el gis y el pizarrón. Y desde luego, el jabón chiquito.
El olor es poderoso porque activa la memoria. Recrea la escena, la sensación, incluso los sentimientos. El aroma te puede poner cachondo, pero también te puede hacer llorar; muy complicado secarse los lagrimones con una mano y “hacerse una” con la otra. Hace poco me llegó el olor de una motocicleta Harley (no lo puedo definir, simplemente huelen así); clarito sentí el volumen del cuerpo que abrazaba cuando solía ir en el asiento de atrás.
Las lociones de hombre también me han hecho lo suyo; ahí el truco es que se mezcla con el sudor del que la porta, se impregna y te marca; después, por sí sola, la fragancia produce su magia y ahí anda una toda cachonda a la vista de las empleadas de perfumería de Liverpool.
Las frígidas, pobres, segurito que se operaron la nariz.
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